
Johanna Blakley nos habla de lo que las industrias creativas pueden aprender de la cultura libre de la moda.
La protección de la propiedad intelectual es un tema complicado hoy en día, y es la fuente de una serie de debates en todo el mundo referidos principalmente a temas de comercio internacional, buscando proteger las rentas de los innovadores.
Sin embargo Johanna Blackley nos presenta el caso enigmático de la moda, como una muestra que la protección de la propiedad intelectual no debe ser tratada como un tema donde solo existe una postura correcta, si no que distintas industrias requieren distintos estándares de protección.
Mucho se dice a favor de la protección que sin propiedad no hay incentivos para innovar, pero en el caso de la moda sucede lo opuesto. Es el mismo hecho que no exista protección que los diseñadores se encuentran constantemente incentivados a desarrollar nuevos diseños y establecer nuevas tendencias. Y si bien es cierto que existen las imitaciones, el mercado de la moda está segmentado en un grupo que compra originales y un grupo que compra imitaciones. Pero la existencia de las imitaciones hace que una tendencia se establezca con mayor solidez, mientras que también ayudan a inducir la obsolescencia. Es una industria en constante desarrollo y las imitaciones colaboran con mantenerla así.
Al final, Johanna nos presenta un gráfico bastante impactante con respecto a las ventas gruesas de distintas industrias, donde se revela la diferencia entre las industrias que cuentan con alta protección de propiedad intelectual y aquellas con baja protección. Hacer conclusiones con respecto a esto sería imprudente, pero lo que se debe rescatar es que distintas industrias requerirán de distinta protección de la propiedad intelectual, y que debe evitar tratarse el tema como si solo contara con una verdad absoluta.




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